sábado, 24 de mayo de 2025

LA ANTROPOLOGÍA DE HILDEGARDA DE BINGEN EN LA REFLEXIÓN DE BENEDICTO XVI

Soy chozno del 

 Tcnl de Artillería D José María Rojas Argerich, 
Soldado del Regimiento de Patricios
 en  las dos Invasiones Inglesas, y 
Guerrero de la Independencia 
Jefe del Parque Militar, el ahora R 1 de Artillería
“Brigadier General Tomás Iriarte”Unidad Decana del Arma.

 Escolta del Ministro de Defensa


LA ANTROPOLOGÍA DE HILDEGARDA DE BINGEN EN LA REFLEXIÓN DE BENEDICTO XVI

"La antropología de Hildegarda parte de la página bíblica de la creación del hombre (Gn 1, 26), hecho a imagen y semejanza de Dios. El hombre, según la cosmología hildegardiana fundada en la Biblia, encierra todos los elementos del mundo porque el universo entero se resume en él, que está formado de la materia misma de la creación. Por ello él puede conscientemente entrar en relación con Dios. Esto sucede no por una visión directa, sino, siguiendo la célebre expresión paulina, «como en un espejo» (1 Co 13, 12). La imagen divina en el hombre consiste en su racionalidad, estructurada en intelecto y voluntad. Gracias al intelecto el hombre es capaz de distinguir el bien y el mal; gracias a la voluntad está impulsado a la acción...
Para poder alcanzar este objetivo, el Señor ha dado los sacramentos a su Iglesia. La salvación y la perfección del hombre, de hecho, no se realizan sólo mediante un esfuerzo de la voluntad, sino a través de los dones de la gracia que Dios concede en la Iglesia.
La Iglesia misma es el primer sacramento que Dios sitúa en el mundo para que comunique a los hombres la salvación. Ella, que es la «construcción de las almas vivientes», puede ser justamente considerada como virgen, esposa y madre, y así está estrechamente asimilada a la figura histórica y mística de la Madre de Dios. La Iglesia comunica la salvación ante todo custodiando y anunciando los dos grandes misterios de la Trinidad y de la Encarnación, que son como los dos «sacramentos primarios»; después mediante la administración de los otros sacramentos. El vértice de la sacramentalidad de la Iglesia es la Eucaristía. Los sacramentos producen la santificación de los creyentes, la salvación y la purificación de los pecados, la redención, la caridad y todas las demás virtudes. Pero, de nuevo, la Iglesia vive porque Dios en ella manifiesta su amor intratrinitario, que se ha revelado en Cristo. El Señor Jesús es el mediador por excelencia. Del seno trinitario él va al encuentro del hombre y del seno de María él va al encuentro con Dios: como Hijo de Dios es el amor encarnado; como Hijo de María es el representante de la humanidad ante el trono de Dios..." (Carta Apostólica "Ad perpetuam rei memoriam")

jueves, 22 de mayo de 2025

Antes y después del cónclave por SER Arz. Hèctor Aguer: DIFUNDE SOBERANA COMPAÑÍA DE LOYOLA

Soy chozno del 

 Tcnl de Artillería D José María Rojas Argerich, 
Soldado del Regimiento de Patricios
 en  las dos Invasiones Inglesas, y 
Guerrero de la Independencia 
Jefe del Parque Militar, el ahora R 1 de Artillería
“Brigadier General Tomás Iriarte” Escolta del Ministro de Defensa

ANTES
El pontificado del jesuita argentino Jorge Bergoglio se agotaba en su final.

Había elegido el insólito nombre de Francisco, ilusionándose con la reforma de la Iglesia, a la cual no había aspirado el Santo de Asís, cuya obra fue espiritual, incitando así a la reforma de la vida.

El Papa Francisco dio la espalda a la Tradición, la cual procede siempre conservando y actualizando su identidad.

San Vicente de Lerins ya lo había enunciado en el siglo V: «in eodem scilicet dogmate, eodem sensu, eademque sententia».

La Tradición romana se edificó sobre Pedro, el Pescador de Galilea, que llegó a la capital del Imperio para fundar una comunidad cristiana y brindar su testimonio martirial.

A lo largo de la historia, la sucesión de Pedro constituyó el Pontificado, cuya elección conoció sistemas diversos, luces y sombras.

Con el tiempo se asentó la convicción de que la Roma de Pedro nunca falló en lo esencial de la fe cristiana.

Surgieron herejías y cismas, pero jamás afectaron a la katholiké, la Iglesia universal, aunque su tamaño fluctuara en la historia, hasta llegar a ser lo que es hoy, bien que siempre misionera, con la capacidad de extenderse en el mundo hasta que el Señor retorne.

En los siglos de los Padres de la Iglesia siempre se respetó el valor de Roma, a causa de la sucesión de Pedro.

Ésta fue, ante todo, la sede por excelencia, como se la llamó después, la Santa Sede.

El Papa es ante todo el Obispo de Roma; su catedral es San Juan de Letrán.

Surgió luego una especie de competencia con el Imperio, aunque durante los siglos medios el Papa y el Emperador fueron la cabeza de la Cristiandad.

De estos elementos surge el problema de las relaciones entre la Iglesia y el Estado, que a través de los siglos constituye aún hoy una cuestión discutible, que influye sin embargo sobre cristianos y no cristianos.

Una alternativa apareció con la obra de Mahoma y su pretensión de fundar un nuevo imperio, que se afirmó luego en Turquía.

Es ésta una cuestión no solo política, sino también cultural.
La elección del Sucesor de Pedro conoció sistemas diversos y vacilantes.

En el siglo XI se encaramó a la sede un muchacho de 18 años, Benedicto IX, hijo de una célebre familia romana, que lo impuso con sus ejércitos; expulsado, volvió dos veces más por la fuerza de las armas.

Después de otros intentos, en el siglo XIII, el Papa Gregorio X consiguió imponer el cónclave de los cardenales; éstos eran los párrocos más importantes de Roma.

Este sistema aseguró el sentido de la elección y se extendió hasta la actualidad.

Así surgieron grandes pontífices, como los que se han conocido entre el Concilio Vaticano I y el Vaticano II.

Algunos de ellos no han sido todavía valorados debidamente.

San Pío X fue la gran excepción. Se espera aún una semejante valoración de Pío XII.
DESPUES
En un cónclave más bien breve, en el cuarto escrutinio fue elegido el norteamericano Robert Francis Prevost, quien tomó el nombre de León XIV.

Algunos detalles iniciales revelaron un cambio de situación: el nuevo Papa apareció vistiendo completamente los paramentos pontificios, e impartió en latín la Bendición urbi et orbi (a la ciudad de Roma y al mundo), con la indulgencia plenaria.

El nombre elegido hace referencia al largo pontificado de León XIII, Gioachino Pecci (1878-1903), el autor de la célebre encíclica Rerum Novarum, inicio de la exposición moderna de la Doctrina Social de la Iglesia. Aquel Pontífice condenó por igual el socialismo y el imperialismo capitalista del dinero. Su encíclica Libertas lanzó, asimismo, la condena contra el liberalismo decimonónico.

El nuevo Papa vivirá en el Palacio Pontificio.

Como sacerdote agustino fue muchos años misionero en el Perú, y allí mismo obispo de Chiclayo.

Este carácter misionero hace pensar en la misión esencial de la Iglesia, que sigue el mandato de Jesús a los Apóstoles: «vayan y hagan que todos los pueblos sean discípulos míos».

Los comentarios periodísticos han ignorado esta cuestión esencial; se han centrado en cuestiones seculares de actualidad.

Sin duda, el Pontífice deberá abordar la problemática política y social, pero ha sido elegido ante todo para continuar la Tradición que viene de los Apóstoles, y le espera la difícil tarea de sanar la grieta abierta por el progresismo. Con el tiempo se verá con mayor claridad el rumbo del pontificado de León XIV.

+ Héctor Aguer
Arzobispo Emérito de La Plata

martes, 13 de mayo de 2025

LEGIÓN DE PATRICIOS DE BUENOS AIRES.13 de mayo día de Nuestra Señora de Fátima: Difunde Cte Pr Dr Carlos Gustavo Lavado Roqué Lascano Legionario

 

Tcnl D José María Rojas, 
Guerrero de las Invasiones Inglesas, 
de la Independencia Jefe del Parque Militar, 
el ahora R 1 de Artillería
“Brigadier General Tomás Iriarte”

13 de mayo
día de Nuestra Señora de Fátima
Nuestra Señora de Fátima
Cada 13 de mayo la Iglesia celebra a Nuestra Señora de Fátima, una de las advocaciones marianas más extendidas y queridas en el mundo católico. Fue un 13 de mayo, pero de 1917, cuando la Madre de Dios se apareció por primera vez a tres humildes pastorcitos en Cova de Iría, 
Fátima - Portugal -
El nombre oficial de esta advocación mariana es ‘Nuestra Señora del Rosario de Fátima’. 
La mención al Santo Rosario responde a los constantes pedidos de la Virgen a que sea rezado por todos los católicos, 
especialmente para que haya paz en el mundo.
“No tengáis miedo. No os haré daño”, le dijo la Virgen María a Lucía, Jacinta y Francisco, los tres niños portugueses que, impactados por su presencia maravillosa, se llenaron comprensiblemente de temor. Aquellos pequeños -como probablemente cualquiera en esta tierra- fueron sobrepasados por lo que veían sus ojos: aquella “señora vestida de blanco, más brillante que el sol”.
Tras el impacto inicial, nuestra dulce Madre les reveló de dónde venía: había bajado del cielo para ayudar a fortalecer el lazo que hay entre Dios y los hombres. A continuación, pediría a los tres que volvieran a aquel mismo lugar el día 13 de cada mes, a la misma hora, por los siguientes seis meses. 
Después preguntó:
“¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que Él quisiera enviaros como reparación de los pecados con que Él es ofendido, y de súplica por la conversión de los pecadores?".
Los pequeños respondieron que sí, por lo que la Virgen, con franqueza y ternura, les advirtió que sufrirían mucho porque los pecados de los hombres eran grandes. Sin embargo, también les consoló diciendo que la gracia de Dios estaría siempre a su lado, dándoles fuerza. De inmediato, la Señora abrió las manos y una fuerte luz cubrió a los niños, quienes cayeron de rodillas y empezaron a rezar: “Santísima Trinidad, yo te adoro. Dios mío, Dios mío, yo te amo en el Santísimo Sacramento”.
“Orad por la paz”
Antes de partir, la Virgen pediría: “Rezad el rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo y el fin de la guerra”. Dicho esto se elevó hasta que no pudieron verla más.
La Madre portaba un mensaje de paz en días de horror para la humanidad: se desarrollaba la Primera Guerra Mundial y el comunismo empezaba a acechar al mundo como nunca antes.
undefined
Los tres pastorcitos de FátimaLucía dos Santos (izquierda de la fotografía), y sus primos, Francisco Marto (centro) y Jacinta Marto (derecha)
Foto de Statue of Pope John Paul II
Encuentro de sor Lucía con el papa Juan Pablo II, el 13 de mayo de 2000.

Soberana Orden Militar de Caballería Ligera del Papa San Ignacio de Loyola. ORACION ALMA DE CRISTO

  ORACION ALMA DE CRISTO   Alma de Cristo, Santifícame Cuerpo de Cristo, Sálvame Sangre de Cristo, Embriágame Agua de...