A Vos recurrimos en nuestra tribulación, bienaventurado San José, y después de implorar el auxilio de vuestra Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente vuestro Patrocinio. Por el afecto que os unió la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, por el amor paternal que profesasteis al Niño Jesús, humildemente os suplicamos que volváis benigno los ojos a la herencia que con que Jesucristo conquistó con su Sangre y que nos socorráis con vuestro poder en nuestras necesidades.
Proteged, oh prudentísimo Custodio de la Sagrada Familia, el linaje escogido de Jesucristo; preservadnos, Padre amantísimo, de todo contagio de error y corrupción, sednos propicio y asistidnos desde el Cielo, poderosísimo Protector nuestro, en el combate que al presente libramos contra el poder de las tinieblas. Y del mismo modo que, en otra ocasión, librasteis del peligro de la muerte al Niño Jesús, defended ahora a la Iglesia Santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y contra toda adversidad. Amparad a cada uno de nosotros con vuestro perpetuo patrocinio; a fin de que, siguiendo vuestros ejemplos y sostenidos por vuestro auxilio, podamos vivir santamente, morir piadosamente y obtener la felicidad eterna del Cielo. Amén.
El Papa León XIII, mediante
rescripto de la Sagrada Congregación de Indulgencias del 21 de Septiembre de
1889, concedió Indulgencia de siete años y siete cuarentenas por cada vez que
se rece devotamente esta oración (publicada en la Encíclica “Quámquam Plúries”
el 15 de Agosto de 1889) después del rezo público del Rosario durante el mes de
octubre; y 300 días de indulgencia una vez al día, en cualquier otro tiempo del
año. Plenaria al mes, con las condiciones de rigor, si se reza diariamente.















.jpg)








.jpg)
.webp)





