viernes, 21 de agosto de 2026

El GENERAL de los Jesuitas Adolfo Nicolás Sj y el poder. Soberana Orden Militar de Caballería Ligera del Papa de San Ignacio de Loyola

El rol del General Adolfo Nicolás ha estado sellado por un proceso de consolidación en las relaciones con el Papado. Y ha sido un hombre puente que ha vivido la transición del Papa Benedicto XVI y el Papa Francisco.

Le ha tocado respaldar la reforma moral, financiera y eclesial impulsada por el Papa Francisco. La reforma moral ante los escándalos sexuales y morales de la Iglesia; la reforma financiera en cuanto ha significado un proceso de transparencia y buena gestión de los fondos destinados a la misión de la Iglesia; y también la reforma eclesial, dando paso a una Iglesia misionera, apostólica y pastoral.

Adolfo ha sabido conducir el barco de los jesuitas en un proceso universal de globalización. Pensemos en el perfil y la estrategia apostólica de Adolfo Nicolás, S.J.

1) Un líder que conoce las fortalezas y las tentaciones del poder

El arte del buen gobierno supone conocer el mundo complejo del poder. El poder tiene una fuerza atrayente, terriblemente fascinante, y lo más peligroso es poseerlo con la capacidad de seducción y autoengaño que éste tiene en sí mismo. Gobernar es tener la capacidad de lograr que los otros hagan lo que se les manda o se les ordena. Y la forma más eficaz es tener tal fuerza de imposición que no es necesario estar presente para lograr este propósito.

El poder tiene un lado oscuro que no se puede ignorar. El que gobierna sin conocer este lado oscuro puede someterse a esta fuerza oculta del mismo poder y se puede convertir de manera inadvertida en su vasallo. La genialidad de ejercer el poder es conocer la capacidad y el alcance que éste tiene, pero sin ignorar su lado oscuro. El genio que ha hecho un tratado ineludible sobre el tema del poder es Nicolás Maquiavelo en su obra El Príncipe. Este es un tratado agudo en donde se describe la capacidad de gobernar con la fuerza oscura del poder. Nicolás Maquiavelo redactó esta obra emblemática en el contexto de divisiones políticas. En ella se evidencian los deseos de este autor de querer unificar Italia bajo un mismo Estado. Muestra la capacidad asombrosa para describir lo que se había practicado y se pensaba era la “realpolitik” de su época, y continúa influyendo notablemente porque muestra el alcance que tiene el poder.

Quien se deja seducir por el poder sin discernimiento, se puede someter a la fuerza más demoniaca de la dominación y causar graves consecuencias para quienes están bajo su responsabilidad. Las tentaciones del poder están bien expresadas en el Evangelio. El poder puede inducir a quien lo posee a tirarse del pináculo del templo para estrellarse contra el piso, en el afán de buscar el protagonismo de la propia grandeza; o el poder puede seducir al que lo tiene a convertir las piedras en pan, cosa imposible de hacer, usándolo en beneficio personal a costa del engaño de los demás; otra tentación del poder es el anhelo de poseerlo insaciablemente, absolutizándolo y  al mismo tiempo adorando el ídolo de la riqueza, que tiene nefastas consecuencias. Adolfo Nicolás es un maestro espiritual y en su seguimiento de Jesús, ha aprendido que no se puede gobernar cayendo en esas tres trampas del poder, tal como nos enseñó Jesús de Nazaret (Cfr. Mt 4,1-11). Discernir es un ejercicio para encontrar la voluntad de Dios en la historia, y para hacerlo se debe estar instalado en la realidad. No se puede discernir sobre fantasmas de la vida o de la historia de la humanidad. Se discierne sobre realidades objetivas y concretas.

Adolfo Nicolás conoce a fondo las tentaciones del poder y no se ha dejado dominar por el lado oscuro que éste tiene, lo que le ha permitido ejercer la autoridad sin dejarse doblegar por la tentaciones del mal que ofrece el mismo poder y ha ejercido una capacidad de gobierno que le permite orientar el cuerpo apostólico universal de los jesuitas con eficacia, sin provocar reacciones ocultas ni reactivas a las decisiones más importantes de su gobierno. Hace falta conocer el lado oscuro del poder para ejercerlo positivamente y con eficacia. Solamente quien conoce la capacidad del mal al ejercer el poder se puede librar de los vicios y los defectos que implica esclavizarse en la cárcel de su poderío.

El modo más eficaz para ejecutar y lograr las metas propuestas es mediante la orientación y la aceptación de ésta, y no a través de la dominación por la imposición, el terror y el castigo. Nicolás Maquiavelo propone para consolidar un Estado próspero y fuerte, sin reparar en los métodos para lograrlo, el principio “del fin justifica los medios”. Adolfo Nicolás es el opositum per diametrum, es decir, el poder lo ejerce desde la postura diametralmente opuesta. Desde su gobierno, lo que se valora es que ha buscado los mejores medios para lograr el fin apostólico del bien más universal, y cuanto más universal sea, éste es más evangélico y más divino. La fuente más importante para conocer la fuerza positiva y la capacidad más eficaz del poder para hacer el bien es el Evangelio.

Adolfo Nicolás conoce que la fuerza del poder en las relaciones con los jesuitas reside en el trato directo, sencillo, veraz y auténtico en el que sobresale la fraternidad, el perdón y la misericordia, porque a quien mucho se le perdona mucho agradece.

En la vida religiosa los vicios alejan a los súbditos. Cuanto más virtuoso es el líder, más apreciado y más amado es. Por esta razón encontrar una persona con ricas virtudes ayuda para el ejercicio de la autoridad y el buen gobierno de las instituciones religiosas, y en la Compañía de Jesús el líder máximo debe tener una trayectoria ejemplar. Las palabras pueden convencer, ayuda el arte de la retórica, pero los ejemplos arrastran y comprometen.

El poder real se ejecuta con una comunicación permanente, constante y veraz. Así se pueden evitar los problemas y las complicaciones a tiempo. Los males en el cuerpo apostólico de los jesuitas se tratan con delicadeza humana y con agilidad para evitar que se compliquen y sean irresolubles.

Adolfo Nicolás tiene poder sin ostentarlo. Este es el arte de gobernar con eficacia pero sin hacerse notar.

2) El poder al servicio de los desafíos de la humanidad y para hacer el bien universal

Adolfo Nicolás lo ha dicho con mucha claridad en sus declaraciones públicas: “Los desafíos de los jesuitas hoy son los mismos desafíos de la humanidad”. Estos desafíos son bien claros: la pobreza, la exclusión social, la desocupación, la falta de sentido, la violencia, la ausencia de la alegría, las migraciones, los refugiados, la corrupción, la falta de sensibilidad y solidaridad,  etc. Desafíos que se asumen desde los distintos lugares de trabajos apostólicos de los jesuitas.

El liderazgo de Adolfo Nicolás lo ha llevado a asumir retos dentro y fuera de la Compañía de Jesús. ¿Cuáles son algunos desafíos que ha tenido que asumir Adolfo Nicolás dentro de la Compañía de Jesús? Para enfrentar los desafíos de la humanidad ha supuesto una reorganización institucional que él ha llevado a la práctica. Ha asumido el reto de hacer la restructuración global de la orden religiosa, conjuntando regiones enteras integradas para optimizar las relaciones entre los jesuitas, los laicos colaboradores de las obras apostólicas y también para lograr una adecuada transferencia de recursos institucionales. Ha potenciado la cogestión entre los jesuitas y los laicos en las instituciones que son de la congregación.

Adolfo Nicolás ha ejercido su liderazgo a través del discernimiento apostólico para tomar decisiones importantes. Un General de los jesuitas no es un presidente de una corporación multinacional. Su capacidad para convencer con su don de persona es muy importante porque vive a fondo la pobreza, la entrega a su vocación en castidad y la escucha de la voz de Dios en su conciencia que ha seguido con finura espiritual.

En la era de la globalización es muy importante un gobierno que tiene agilidad en las comunicaciones con todas las instituciones y obras apostólicas. Adolfo Nicolás es un líder que sabe emplear las redes sociales y las comunicaciones actuales. Se relaciona no solo con los métodos tradicionales de las cartas y las publicaciones impresas. Hace uso del internet, del correo electrónico, de las teleconferencias, medios muy importantes hoy. Esto facilita el trabajo y la comunicación con todos los jesuitas del mundo y las instituciones de la Compañía de Jesús.

La Compañía de Jesús ha tenido que asumir retos externos a ella misma. Enunciaremos algunos desafíos que destacan por su importancia en la actualidad.

a) La interculturalidad. Quisiéramos subrayar el desafío de la interculturalidad a la que estamos sometidos todos los ciudadanos del mundo en estos procesos de globalización. No existe un país en el mundo donde todos sus habitantes sean solamente ciudadanos nativos. No existe un país con el 100% de personas de su lugar de origen o región. Hoy más que nunca somos “universales”. La universalidad no es que todos bebamos coca-cola, tomemos cerveza de una marca, comamos hamburguesa, vistamos pantalones gines o compremos zapatos de la misma marca, tengamos teléfonos celulares o tablets, etc. Esta es la universalidad del mercado. La universalidad verdadera es aceptar que existe una pluralidad de culturas e identidades y que debemos aprender a convivir con ellas y apreciarlas. Sin discriminación ni exclusión. Este reto supone superar los fundamentalismos. Cuando decimos fundamentalismo lo hacemos en sentido amplio y nos referimos a los fundamentalismos de la nacionalidad, de la propia cultura, y también religiosos. Estos fundamentalismos son una respuesta reactiva a una globalización financiera que beneficia a una minoría excluyendo la mayor parte de los ciudadanos del mundo de hoy.

Adolfo es un líder con una visión global y de una institución universal que busca hacer la voluntad de Dios y por ello discierne los signos de los tiempos, y uno de ellos es la interculturalidad. Lo dice él mismo en los siguientes términos: “Jesús ha dicho: yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. La mayor parte de las religiones asiáticas son religiones o espiritualidad del Camino: shintoísmo, confucianismo, budismo, kendo, aikido, etcétera, pero la mayor parte de los misioneros occidentales han ido a predicar y a hablar de la Verdad…Cuanto más viajo y giro por el mundo, tanto más pienso que aquel obispo tenía razón: Asia es el Camino; Europa y los Estados Unidos se preocupan por la Verdad; África y América Latina son la Vida y mantienen vivos los valores (amistad, familia, niños, etc.) que en otra parte del mundo hemos olvidado” (Antonio Spadaro, S. (167). Intrevista a P. Adolfo Nicolás, Prepósito Generale della Compagnia di Gesù. La Civiltà Cattolica, p. 378).

Adolfo Nicolás piensa que el gran desafío para los cristianos es creer y asumir que tenemos necesidad de todos, de todas las sensibilidades y de todos los continentes, para reunir la plenitud de Cristo, que es también plenitud de nuestra humanidad. Este es el espíritu del Papa Francisco cuando habla a favor de los migrantes y refugiados. Adolfo Nicolás ha apostado por la unidad en la diversidad cultural, geográfica e histórica.

Desde esta perspectiva, Adolfo Nicolás nos anima a aprender de otras sensibilidades y culturas: “Los japoneses – gracias a las raíces del budismo – viven una sensibilidad profunda, una apertura a la dimensión de la trascendencia, de la gratuidad, de la belleza que sostienen nuestra experiencia humana. Pero, naturalmente, esta es una sensibilidad que está amenazada hoy por una mentalidad puramente económica o materialista que impide llegar a dimensiones más profundas de la realidad. La misión hoy en Japón y en Asia puede ayudarnos a descubrir, o a redescubrir, la sensibilidad religiosa como el sentido musical, como conciencia y apreciamiento de las dimensiones de la realidad que son más profundas que la razón instrumental o de la conciencia materialista de la vida” (Antonio Spadaro, S. (167). Intrevista a P. Adolfo Nicolás, Prepósito Generale della Compagnia di Gesù. La Civiltà Cattolica, p. 380).

b) Migraciones y refugiados. Otro desafío lo constituyen los migrantes y los refugiados. Ha existido un trabajo histórico de los jesuitas con estos grupos humanos. Hoy se ha ampliado, se ha logrado una atención con el Servicio Jesuita para los Migrantes y también para los Refugiados, además están implicados en trabajos articulados en red con las universidades, centros de investigación y de derechos humanos. Se les provee de asesoría legal, se les acoge en obras y en parroquias administradas por la Compañía de Jesús, e incluso se hace una formación espiritual en centros de retiros atendiendo especialmente a los migrantes y los refugiados. Muchos de ellos desprovistos de documentos.

Hoy más que nunca el Servicio Jesuita de Refugiados tiene un desafío global por las crisis migratorias causadas por los conflictos bélicos y las crisis económicas en el mundo.

c) La crisis ecológica. Uno de los servicios que destaca Adolfo Nicolás que puede hacer la Compañía de Jesús es tratar y trabajar a fondo el tema de la ecología, para ayudar al mundo, conscientes de que todo lo que hagamos por la naturaleza será un excelente servicio para la humanidad, y de manera especial para los pobres que sufren más las consecuencias de los desastres naturales y viven la vulnerabilidad directamente en zonas de riesgo.

En el período de su gobierno se han impulsado proyectos e iniciativas para responder al reto de la crisis ecológica. Adolfo destaca que existe una unión entre la defensa de los pobres y la defensa del medioambiente. Este tema es muy importante, si analizamos el problema del agua, de la minería, de la contaminación del aire, nos damos cuenta del impacto social que esto tiene en el mundo hoy, y los pobres son los que sufren más el deterioro medioambiental. Las líneas de acción son diversas: la eduación en campus verdes; la pastoral juvenil de Amigos de los Árboles (Taru Mitra) en India; el proyecto Pan-Amazónico con comunidades indígenas en América Latina y que abarca siete países; el proyecto Flights for Forests (Vuelos para los Bosques) que recoge aportes económicos de quienes hacen viajes aéreos y dichos fondos son invertidos para la plantación de árboles y conservar el medioambiente; la red Ecojesuit que se preocupa por la cuestión del agua en la actualidad, son proyectos que van en la dirección del cuidado de la creación y promovidos por la Compañía de Jesús. Son algunos ejemplos pero hay muchos más.

El nuevo superior general de los jesuitas, tal como lo piensa Adolfo Nicolás, debe orientar a la congregación a una vida religiosa mejor y una renovada capacidad de imaginación. Adolfo lo dice con estas palabras: “Tenemos necesidad de audacia, fantasía y coraje para afrontar la misión como parte de la más grande misión de Dios en los contrastes de nuestro mundo hoy” (Antonio Spadaro, S. (167). Intrevista a P. Adolfo Nicolás, Prepósito Generale della Compagnia di Gesù. La Civiltà Cattolica, p. 386).

Adolfo Nicolas nunca grita o alza la voz cuando ejerce su autoridad, más bien eleva el argumento de su conversación o el diálogo, y el argumento más importante ha sido el testimonio de su vida. Un hombre de Dios al servicio de la humanidad. El mes de octubre, a sus ochenta años, después que la Congregación General acepte su renuncia y elija a su sucesor, Adolfo Nicolás partirá para su nueva misión en el Japón. En la Curia General se sentirá el vacío y hará falta su alegría y buen humor, dejará un recuerdo vivo de sus virtudes y su testimonio evangélico.


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miércoles, 19 de agosto de 2026

Soberana Orden Militar de Caballería Ligera del Papa de San Ignacio de Loyola encarna vivamente los ideales de "SAN IGNACIO". JUSTICIA, EDUCACIÓN Y ESPIRITUALIDAD. La Compañía de Jesús continúa siendo una fuerza global en la Iglesia, conocida por su compromiso con la justicia social, la educación y la espiritualidad.

 


La Compañía de Jesús (1540): Los Jesuitas

La Compañía de Jesús, conocida como los Jesuitas, fue fundada en 1540 por San Ignacio de Loyola Lazcano como respuesta a las necesidades de la Iglesia durante la Contrarreforma.

Los jesuitas se dedicaron a la educación, la predicación y las misiones, consolidándose como una de las órdenes más influyentes en la historia del catolicismo.
San Ignacio de Loyola, tras una profunda conversión espiritual, reunió a un grupo de compañeros, incluyendo a San Francisco Javier, para vivir al servicio de Dios. Con el lema “Ad Maiorem Dei Gloriam” (Para mayor gloria de Dios), ofrecieron su total obediencia al Papa y se dedicaron a enfrentar los desafíos espirituales y sociales de su época. En 1540, el Papa Paulo III aprobó formalmente la orden.
Características principales:
1. Obediencia al Papa:
Los jesuitas prometieron un voto especial de obediencia al Papa, poniéndose al servicio directo de la Iglesia.
2. Educación y formación:
Fundaron colegios y universidades en todo el mundo, convirtiéndose en pioneros de una educación integral.
3. Misiones globales:
Llevaron el evangelio a América, Asia y África, adaptándose a las culturas locales para evangelizar.
4. Espiritualidad ignaciana:
Basada en los Ejercicios Espirituales, se centra en el discernimiento, la oración y la acción.
Establecieron más de 800 instituciones educativas y universidades, muchas de las cuales aún existen, como la Universidad de Georgetown y la Pontificia Universidad Gregoriana.
En misiones, figuras como San Francisco Javier llevaron el cristianismo a la India, Japón y otras regiones de Asia, mientras Matteo Ricci influyó en la evangelización de China.
Jugaron un papel clave en la Contrarreforma, defendiendo la fe católica y combatiendo las herejías.
Contribuciones principales:
1. Reforma educativa:
Promovieron la excelencia académica y formaron líderes tanto en la Iglesia como en la sociedad civil.
2. Misiones culturales:
Se destacaron por su capacidad de integrar el cristianismo en diversas culturas.
3. Defensa de la fe:
Fueron intelectuales y predicadores que fortalecieron la doctrina católica en tiempos de crisis.
La Compañía de Jesús continúa siendo una fuerza global en la Iglesia, conocida por su compromiso con la justicia social, la educación y la espiritualidad.
Fuentes:
Catecismo de la Iglesia Católica, núms. 910-912
Biografía de San Ignacio de Loyola
Historia de la Compañía de Jesús

Íñigo López de Loyola.Una vida caballeresca. Su aspiración era ser caballero. Se le conoce como “el apóstol de Roma”.

 

Una vida caballeresca

Íñigo López de Loyola nació en 1491 en Azpeitia, en Guipúzcoa (España). Su aspiración era ser caballero. Por eso, su padre lo envió a Castilla, junto a don Juan Velázquez de Cuéllar, ministro del rey Fernando el Católico. La vida en la corte formó el carácter y los modales del joven, que comenzó a leer poemas y a cortejar a las damas. Al morir don Juan, Íñigo se trasladó a la corte de don Antonio Manrique, duque de Nájera y virrey de Navarra. 

Siguiéndolo participó en la defensa de la ciudad de Pamplona. Allí, el 20 de mayo de 1521, fue herido por una bala de cañón que lo dejó cojo para toda la vida. Durante su larga convalecencia, tuvo ocasión de leer la Leyenda Áurea de Jacopo da Varagine, y la Vida de Cristo de Lodolfo Cartusiano. Ambos textos influyeron enormemente en su personalidad, convenciéndolo de que el único Señor al que valía la pena seguir era Jesucristo.

Una peregrinación providencial  

Decidido a peregrinar a Tierra Santa, Íñigo llegó hasta el santuario de Montserrat, donde hizo voto de castidad y cambió sus ricos vestidos por los de un mendigo. Barcelona, desde cuyo puerto debía embarcarse hacia Italia, padecía una epidemia de peste, e Íñigo tuvo que detenerse en Manresa, donde vivió un largo periodo de aislamiento que dedicó a la meditación y a la escritura de una serie de consejos y reflexiones que, reelaborados más tarde, formaron la base de los Ejercicios Espirituales.

Llegó por fin a Tierra Santa deseando establecerse allí, pero el superior de los franciscanos se lo impidió, considerando que sus conocimientos teológicos eran demasiado pobres. Íñigo regresó entonces a Europa y comenzó estudios de gramática, filosofía y teología, primero en Salamanca y después en París.

En la capital francesa cambió su nombre por el de Ignacio, en homenaje al santo de Antioquía, a quien admiraba por su amor a Cristo y su obediencia a la Iglesia. Estos rasgos serían más tarde pilares fundamentales de la Compañía de Jesús. Para 1534, tenía seis seguidores: Francisco Javier, Pedro Fabro, Alfonso Salmerón, Diego Laínez, Nicolás Bobedilla y Simón Rodrigues.

El día 15 de agosto de 1534, los siete juran en Montmartre servir a nuestro Señor, dejando todas las cosas del mundo, y fundan la Sociedad de Jesús, que luego sería llamada la Compañía de Jesús. Deciden viajar a Roma para ponerse a las órdenes del Papa. El Papa Pablo III les dio la aprobación y les permitió ordenarse sacerdotes.

La Compañía de Jesús estuvo animada desde el principio por el celo misionero: los sacerdotes Peregrinos o Reformados (solo más adelante asumieron el nombre de Jesuitas) fueron enviados por toda Europa, y luego a Asia y al resto del mundo, llevando por todas partes su carisma de pobreza, caridad y obediencia absoluta a la voluntad del Papa.

Uno de los principales problemas que Ignacio tuvo que afrontar fue la preparación cultural y teológica de los jóvenes. Por esta razón, formó un cuerpo de docentes y fundó diversos colegios que, con los años, adquirieron fama internacional gracias al elevado nivel científico y a un programa de estudios que fue tomado como modelo incluso por instituciones no religiosas.

Roma

Por obediencia al Papa, Ignacio permaneció en Roma para coordinar las actividades de la Compañía y ocuparse de los pobres, los huérfanos y los enfermos, hasta el punto de que se le conoce como “el apóstol de Roma”. Dormía tan solo cuatro horas por noche, y continuaba su trabajo con esfuerzo a pesar de los sufrimientos causados por la cirrosis hepática y los cálculos biliares.

Murió en su pobre celda en 31 de julio de 1556. Fue canonizado en mayo de 1622 por el Papa Gregorio XV. Sus restos se conservan en la iglesia de Jesús en Roma, uno de los más bellos monumentos del barroco romano.


sábado, 8 de agosto de 2026

Soberana Orden Militar de Caballería Ligera del Papa San Ignacio de Loyola: Padre Adolfo Nicolás, una persona con profunda vida espiritual

 Adolfo Nicolás, S.J., el 30º superior general de la Compañía de Jesús, murió en Tokio, Japón, el 20 de mayo. Tenía 84 años. Este artículo fue publicado por Edward W. Schmidt, S.J. con el título: "Former Jesuit superior general Adolfo Nicolás has died in Tokyo", en la Revista americamagazine.org el pasado 20 de mayo.

El Padre Nicolás sirvió a la misión de la Compañía de Jesús en una variedad de ministerios. Fue un académico que enseñó teología en Japón y fue también el director del Instituto de Pastoral de Asia Oriental en el Ateneo de Manila en Filipinas.

Una persona de espíritu alegre y servicio. Su sucesor, el Padre Sosa, lo recordaba como "una persona con un espíritu de alegre servicio a los demás, sonriendo en medio de un trabajo realizado bajo presión". 

"Como superior general," dijo el Padre Sosa, "trajo a la Sociedad su profunda vocación misionera que nos ayudó a ver la universalidad de la misión desde la perspectiva y la pasión de presentar la Buena Nueva en todos los rincones del mundo." 

Según el Padre Sosa, el Padre Nicolás "nunca se cansó de recordarnos la profundidad de la vida espiritual y la profundidad intelectual como características de la vocación de la Sociedad... Optó por las preferencias apostólicas universales y promovió la reestructuración de la Sociedad para adaptarse a las nuevas realidades del mundo y de nuestro cuerpo apostólico. 

"Nunca perdió de vista los desafíos apostólicos de los crecientes flujos migratorios y la urgencia de atender a los refugiados", recordó el Padre Sosa. "China y el continente africano siempre estuvieron entre sus prioridades. El servicio a la Iglesia a través de [las comunidades de la Sociedad] y de las obras interprovinciales de Roma fue confirmado y renovado durante su tiempo como superior general. En resumen, la Sociedad siempre estará agradecida al Señor por el don que ha sido Adolfo Nicolás". 

"El Padre Nicolás era un sacerdote gentil y compasivo que tenía una amplia experiencia en el trabajo con otras culturas, así como un profundo sentido de la espiritualidad jesuita e ignaciana", dijo James Martin, S.J., el editor en general de América, "todo lo cual lo convirtió en un sabio, querido y eficaz superior general".

"Su consejo a los jesuitas de que se esforzaran por alcanzar la 'profundidad' me impresionó profundamente y sigue influyendo en mi vocación jesuita", dijo el Padre Martin. "En persona, el Padre Nicolás también fue cálido y acogedor. Que descanse en paz con el Dios al que sirvió durante tanto tiempo." 

Durante su larga carrera, el Padre Nicolás sirvió en la administración jesuita como rector de la escuela de teología de Tokio, como provincial de la Provincia del Japón y como moderador de la Conferencia Jesuita de Provinciales de Asia Oriental y Oceanía, con su oficina en Filipinas. En 2008, la 35ª congregación general de los jesuitas lo eligió como 30º superior general de la orden.

Esa congregación fue convocada por el anterior superior general, Peter-Hans Kolvenbach, S.J., quien expresó su deseo de retirarse del cargo al cumplir los 80 años de edad. Las provincias jesuitas de todo el mundo eligieron a sus delegados asignados, que se reunieron en Roma en enero. 

Los delegados aceptaron la dimisión del Padre Kolvenbach y se pusieron manos a la obra para elegir a su sucesor. Siguiendo la práctica habitual, durante un par de días los delegados hablaron entre ellos, rezando para que les guiaran.

 La amplia experiencia internacional del Padre Nicolás y sus grandes habilidades administrativas lo hacían uno de los candidatos probables para el puesto de superior general. A esto se sumaba su fuerte identidad jesuita y su sentido de la misión.

Superior General

Los delegados lo eligieron superior general en la segunda votación. Al igual que sus dos predecesores inmediatos, era un europeo que había ido en misión y pasó gran parte de su vida jesuita en Asia: Pedro Arrupe, S.J., había servido en Japón y el Padre Kolvenbach en el Líbano.

Su elección como general suscitó una gran reacción positiva entre quienes lo conocieron en el Japón y Filipinas. En su edición del 4 de febrero de 2008, América citó al jesuita filipino Ben Nebres, presidente de la Universidad Ateneo de Manila y miembro de la congregación general, quien dijo: "Cuando pienso en él, los sentimientos que surgen son de afecto y amistad. El Padre Nico es muchas cosas, pero sobre todo es un compañero y un amigo". 

El Padre Nicolás había enseñado a muchos miembros de la orden Salesiana en la Universidad de Sofía, además de servir como su moderador de tesis o director espiritual. Un joven salesiano que trabajaba con él en un programa juvenil lo describió como jinkaku-sha, "un hombre de carácter", un gran cumplido en Japón.

Formar pensadores críticos

El Padre Nicolás quería que las escuelas jesuitas fueran diferentes, que fueran profundas, que formaran pensadores críticos. También quería que toda la Compañía de Jesús estuviera abierta a aprender de Asia y de los pueblos de las "fronteras".

Adolfo Nicolás Pachón nació el 29 de abril de 1936 en Villamuriel de Cerrato, en el norte de España. En 1953, entró en el noviciado de los jesuitas en Aranjuez. En 1960, después de estudiar filosofía en la Universidad de Alcalá, se trasladó a Japón, donde estudió primero la lengua japonesa y luego la teología en la Universidad de Sofía en Tokio. Fue ordenado sacerdote en marzo de 1967.

Al año siguiente regresó a Europa para estudiar teología durante tres años más en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Después de recibir su doctorado en 1971, volvió a la Universidad de Sofía como profesor de teología sistemática hasta 1991, con una interrupción de su mandato como director del Instituto de Pastoral de Asia Oriental en Quezon City, cerca de Manila (1978-84). 

También asistió a los jesuitas en Corea en la transición del liderazgo de los jesuitas estadounidenses a los jesuitas locales. En 1991, el Padre Nicolás fue nombrado rector de la escuela de teología de Tokio, supervisando así la educación y formación de los jóvenes que se preparaban para la ordenación. 

Ocupó este cargo hasta 1993, cuando fue nombrado superior provincial de los jesuitas en Japón. Estuvo seis años en este cargo y luego pasó cuatro años trabajando entre inmigrantes pobres en Tokio. Después, en 2004, fue nombrado moderador de la conferencia de provinciales jesuitas para Asia Oriental y Oceanía; esta conferencia incluye a Australia, China, Timor Oriental, Japón, Corea, Micronesia y Myanmar. Su sede está en Manila. 

Unos meses después de su elección como superior, el Padre Nicolás habló con periodistas jesuitas:

¿Qué espero de los jesuitas? Si trato de poner las cosas en una idea o una frase, diría que espero realmente que nos insertemos profundamente en lo que hacemos -sea trabajo pastoral, educación, investigación, espiritualidad-, no en términos de éxito o en términos de factores exteriores. Cualquiera que sea el tema que abordemos, incluso aquellas cuestiones sobre las que a veces la gente se siente tan incómoda (como las relaciones con la jerarquía local), si podemos profundizar lo suficiente en ello, podemos encontrar tantas posibilidades de cooperación, de ayuda a la gente, porque en lo más profundo de nosotros mismos encontramos al Señor que inspira nuestro mejor servicio a los demás. Pedir a los jesuitas que profundicen en los temas y que profundicen en el discernimiento sobre cuáles son las posibilidades y cómo podemos servir mejor, esa será mi parte clave y central.

Contra la “Globalización de la superficialidad”

Alentó la creatividad entre sus hermanos jesuitas al adaptarse a los contextos cambiantes de su ministerio. En abril de 2010, hablando en México en un encuentro internacional de educadores en escuelas jesuitas, advirtió sobre la "globalización de la superficialidad":

Cuando se puede acceder a tanta información tan rápidamente y sin dolor; cuando se puede expresar y publicar al mundo las reacciones de uno de forma tan inmediata y tan irreflexiva en los propios blogs o micro-blogs; cuando la última columna de opinión del New York Times o de El País, o el más reciente vídeo viral, puede difundirse tan rápidamente a personas que se encuentran a medio mundo de distancia, moldeando sus percepciones y sentimientos, entonces el trabajo laborioso y minucioso del pensamiento serio y crítico suele sufrir un cortocircuito.

Quería que las escuelas jesuitas fueran diferentes, que fueran profundas, que formaran pensadores críticos. También quería que toda la Compañía de Jesús estuviera abierta a aprender de Asia y de los pueblos de las "fronteras", un temprano modelo jesuita de los días de Francisco Javier, Matteo Ricci y otros.

El Padre Nicolás fue un ejemplo de sabiduría derivada de su imaginación y sus años de trabajo en Asia, dijo el Padre Lombardi, lo que le dio una amplia perspectiva.

Durante ocho años y medio, el Padre Nicolás gobernó la Compañía de Jesús desde su oficina en Roma, nombrando superiores, ocupándose de los retos administrativos que planteaban las provincias reestructuradas, escribiendo cartas y dirigiéndose a los grupos. También viajó por todo el mundo, animando a los ministerios locales, aprendiendo sobre cuestiones locales sobre el terreno, reuniéndose con jesuitas ocupados con sus ministerios locales. 

El 13 de marzo de 2013, un cónclave papal eligió al cardenal Jorge Mario Bergoglio como primer papa jesuita. El Padre Nicolás, que lo conocía desde hace más de dos décadas, emitió una declaración a la Sociedad al día siguiente dando "gracias a Dios" por su elección, que, dijo, "abre a la Iglesia un camino lleno de esperanza".

Francisco lo invitó a Santa Marta el 17 de marzo para una reunión privada y luego le pidió que concelebrara la misa de inauguración del pontificado el 19 de marzo. Permanecieron en estrecho contacto mientras el Padre Nicolás era superior general, y se reunieron por última vez en Tokio en noviembre de 2019, cuando Francisco visitó Japón.

En 2015, el Padre Nicolás anunció su intención de convocar una congregación general en la que presentaría su renuncia al cumplir los 80 años. En octubre de 2016, la congregación se reunió, aceptó la renuncia y procedió a elegir al Padre Sosa como su sucesor.

Renuncia como Superior General

La mañana de la renuncia, Federico Lombardi, S.J., leyó a la congregación una expresión de gratitud por el servicio del Padre Nicolás. Le agradeció en primer lugar por la persona que era, por su cordialidad, su humor, su sonrisa. Fue un ejemplo de sabiduría derivada de su imaginación y de sus años de trabajo en Asia, dijo el Padre Lombardi, lo que le dio una amplia perspectiva.

El Padre Nicolás regresó a las Filipinas en su retiro. Vivió en la comunidad de los escolásticos, donde rápidamente se convirtió en una presencia muy querida. Se enfrentó al deterioro de la salud con serenidad y gracia. Uno de los escolásticos de allí, Robbie Paraan, reflexionó sobre lo que su presencia llegó a significar para los jóvenes.

Recordó al Padre Nico, como siempre se le llamó allí, "dirigiéndose a nosotros los escolásticos en una de nuestras reuniones mensuales de la comunidad... Esperaba que nos dijera que estudiáramos más... o quizás que mencionara su constante estribillo como general para ser personas de profundidad. Pero su primer mensaje oficial fue sorprendentemente simple, aunque, sabiendo quién lo dijo, fue de gran sabiduría: "Sé tú mismo, pero deja que Cristo toque este yo".

El Padre Nicolás siguió siendo una inspiración en el retiro, un fiel jesuita en esta nueva misión de envejecer con gracia.

El Padre Sosa, en su carta anunciando la muerte de su predecesor, dijo: "La mejor manera de recordar al Padre Adolfo Nicolás puede ser con una breve oración, escrita de su puño y letra después de un retiro de ocho días con su Consejo General en 2011, Ejercicios que tuve el privilegio de acompañar. Muchos meses después de esos Ejercicios, algunas reuniones del Consejo comenzaron con esta oración, que surgió de la meditación personal del Padre Nicolás sobre la pesca milagrosa narrada por San Juan en el capítulo 21. Es una excelente síntesis de su persona y de su espiritualidad":

Señor Jesús,

¿Qué debilidades vio en nosotros que le hicieron decidir llamarnos, a pesar de todo, a colaborar en su misión?

Te damos las gracias por habernos llamado, y te rogamos que no olvides tu promesa de estar con nosotros hasta el final de los tiempos.

A menudo nos invade la sensación de haber trabajado toda la noche en vano, olvidando, tal vez, que estás con nosotros.

Te pedimos que te hagas presente en nuestras vidas y en nuestro trabajo, hoy, mañana y en el futuro que está por venir.

Llena de tu amor estas vidas nuestras, que ponemos a tu servicio.

Quita de nuestros corazones el egoísmo de pensar en lo "nuestro", en lo "mío", siempre excluyente, falto de compasión y alegría.

Ilumina nuestras mentes y nuestros corazones, y no olvides hacernos sonreír cuando las cosas no salen como deseamos.

Al final del día, de cada uno de nuestros días, haz que nos sintamos más unidos a ti y que podamos percibir y descubrir a nuestro alrededor una mayor alegría y una mayor esperanza.

Todo esto lo pedimos desde nuestra realidad. Somos hombres débiles y pecadores, pero somos tus amigos. Amén.

El Padre Sosa concluyó: "La lectura de esta oración revela al verdadero Adolfo: un hombre sabio, humilde y libre; entregado total y generosamente al servicio; conmovido por los que sufren en el mundo, pero al mismo tiempo desbordante de esperanza, que se nutre de su fe en el Señor Resucitado; un excelente amigo, al que le gustaba reír y hacer reír a los demás; un hombre de Evangelio. Es una bendición haberle conocido.

"Mientras rezamos por su eterna felicidad con el Señor, a quien sirvió tan bien, pedimos poder seguir sirviendo a la misión como él lo hizo, con bondad, generosidad y alegría".

 

 

 

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