domingo, 1 de noviembre de 2026

El mes de noviembre se abre ante nosotros con una celebración entrañable y profundamente interpeladora: el 5 de noviembre conmemoramos a todos los santos y beatos de la Compañía de Jesús. Al contemplar a estos 53 santos y 158 beatos, no hacemos más que celebrar la esencia misma de nuestra vocación jesuita. Ellos alcanzaron en sus vidas ese anhelado "sensus Christi" que todos pedimos, y su testimonio nos invita a reflexionar sobre los desafíos que enfrenta nuestra vocación en pleno siglo XXI.

 El mes de noviembre se abre ante nosotros con una celebración entrañable y profundamente interpeladora: el 5 de noviembre conmemoramos a todos los santos y beatos de la Compañía de Jesús. Al contemplar a estos 53 santos y 158 beatos, no hacemos más que celebrar la esencia misma de nuestra vocación jesuita. Ellos alcanzaron en sus vidas ese anhelado "sensus Christi" que todos pedimos, y su testimonio nos invita a reflexionar sobre los desafíos que enfrenta nuestra vocación en pleno siglo XXI.


Nuestra identidad está nítidamente trazada desde los orígenes, en la Fórmula del Instituto, donde se establece que formamos "parte de una Compañía fundada ante todo para atender principalmente a la defensa y propagación de la fe y al provecho de las almas en la vida y doctrina cristiana". Este mandato nos plantea el desafío de vivir nuestro ser jesuita hoy.


El P. Pedro Arrupe ya advertía sobre un fenómeno que sigue vigente: se dice que la disminución de vocaciones ocurre porque, en ocasiones, proyectamos una imagen que desconcierta y resulta poco atrayente para los jóvenes que desean consagrar su vida al trabajo apostólico. Frente a la confusión, incertidumbre, división y secularismo que a veces se nos achaca, debemos preguntarnos: ¿Es cierta esta valoración sobre nuestro modo de proceder?


Antes de preocuparnos por la imagen, debemos ocuparnos de nuestro ser, escribió el Padre Arrupe y expresaba que como bien se ha dicho, la apariencia vacía de contenido se llama hipocresía; pero la apariencia fiel de un contenido real es una imagen verdadera. ¿Somos verdaderos jesuitas? Si lo somos, lo pareceremos. Y si a los ojos del mundo no lo parecemos, será simplemente porque no lo somos. Hoy, nuestra misión se desarrolla en colaboración con muchas y muchos; esto nos exige aún mayor coherencia con nuestra identidad de Compañeros de Jesús.


Nuestros santos y beatos reflejan un dinamismo que encierra un poder eficaz de testimonio y convocatoria. Ellos vivieron una vigorosa creatividad apostólica, abiertos a la acción del Espíritu en las cambiantes circunstancias de la historia. De allí que, como afirmaba Arrupe, la cuestión vocacional no tiene otra solución que una vida espiritual real, un apostolado creativo y válido para la Iglesia de hoy. Si logramos encarnar este espíritu —que exige ser "hombres del todo humildes y prudentes en Cristo, y señalados en pureza de vida cristiana"—, proyectaremos de manera natural nuestra verdadera imagen, atrayendo a la juventud generosa de siempre.

Hoy más que nunca, la persuasión no está en las palabras, sino en un testimonio de vida que trasluzca la alegría de Cristo resucitado.


Dispongámonos en este mes a celebrar a quienes nos han precedido. Oremos por nuestra propia vocación y por la de nuestros hermanos; agradezcamos el sostén de aquellos con quienes compartimos la misión. Pidamos al Señor que siga llamando a hombres a su mínima Compañía, y los invitamos a unirse al itinerario de oración por las vocaciones los días 5 de cada mes. Que nuestros santos y beatos intercedan por nosotros para perseverar fieles y creativos en el seguimiento del Señor Jesús.