Se debe reconocer sin reservas
lo que tiene de positivo el desarrollo moderno del espíritu: todos nos sentimos
agradecidos por las maravillosas posibilidades que ha abierto al hombre y por
los progresos que se han logrado en la humanidad...Con todo, como he tratado de demostrar, la razón moderna propia de las ciencias naturales, con su elemento platónico intrínseco, conlleva un interrogante que va más allá de sí misma y que trasciende las posibilidades de su método.
La razón científica moderna ha de aceptar simplemente la estructura racional de la materia y la correspondencia entre nuestro espíritu y las estructuras racionales que actúan en la naturaleza como un dato de hecho, en el cual se basa su método.
Ahora bien, la pregunta sobre el por qué existe este dato de hecho, la deben plantear las ciencias naturales a otros ámbitos más amplios y altos del pensamiento, como son la filosofía y la teología.
Para la filosofía y, de modo diferente, para la teología, escuchar las grandes experiencias y convicciones de las tradiciones religiosas de la humanidad, especialmente las de la fe cristiana, constituye una fuente de conocimiento; oponerse a ella sería una grave limitación de nuestra escucha y de nuestra respuesta.
Aquí me vienen a la mente unas palabras que Sócrates dijo a Fedón.
En los diálogos anteriores se habían expuesto muchas opiniones filosóficas erróneas; y entonces Sócrates dice: «Sería fácilmente comprensible que alguien, a quien le molestaran todas estas opiniones erróneas, desdeñara durante el resto de su vida y se burlara de toda conversación sobre el ser; pero de esta forma renunciaría a la verdad de la existencia y sufriría una gran pérdida»...
La valentía para abrirse a la
amplitud de la razón, y no la negación de su grandeza, es el programa con el
que una teología comprometida en la reflexión sobre la fe bíblica entra en el
debate de nuestro tiempo..." (BENEDICTO XVI)



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