
El
Arzobispo Georg Gänswein, cercano colaborador del Papa Benedicto XVI durante
muchos años, ha compartido recientemente una reflexión significativa tras su
encuentro con el Papa León XIV:
Sus palabras no buscan polémica, sino describir un clima nuevo de serenidad institucional, donde los gestos, los protocolos y la vida cotidiana del Vaticano vuelven a desarrollarse con mayor orden, claridad y continuidad.
Para
Gänswein, esta normalidad no es rigidez, sino estabilidad, algo esencial para
el buen funcionamiento de la Iglesia universal.
El
arzobispo destacó que bajo el pontificado de León XIV se percibe un ambiente de
respeto por las formas, discreción y sobriedad, cualidades que ayudan a que el
Papa pueda ejercer su misión principal: confirmar a los hermanos en la fe.
Estas declaraciones han sido interpretadas por muchos como un signo de reconciliación interna y equilibrio, después de años marcados por tensiones, cambios rápidos y lecturas encontradas dentro y fuera de la Iglesia.
La normalidad, en este
contexto, significa que la Iglesia puede volver a respirar con calma, sin
perder su impulso misionero.
Más
allá de opiniones, el mensaje central es claro: la Iglesia necesita estructuras
sanas para servir mejor al Evangelio. Cuando hay orden, hay espacio para la
oración, el discernimiento y la caridad pastoral.



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