Benedicto XVI
representa la fidelidad custodiada hasta el último aliento, el valor de hacerse
a un lado por amor a la Iglesia,la fuerza silenciosa de quien sigue sirviendo a
través de la oración.
Quien hoy está
llamado a guiar no borra lo que ha sido,lo lleva consigo.
Como se lleva una
raíz: no se ve, pero sostiene al árbol.
En este encuentro
hay una Iglesia que no divide, que no enfrenta,que no rompe.
Una Iglesia que camina, paso a paso, sin perder el alma.Que este momento nos recuerde que toda verdadera forma de liderazgo nace de la humildad y que todo futuro auténtico crece en el respeto del pasado.







